sáb. Feb 28th, 2026

Autorizaciones, credenciales y logística: los tres pendientes

En mayo de 2024, se hizo público que Colombia abriría una embajada en Palestina, como parte de una política de apoyo al reconocimiento del Estado palestino. Sin embargo, hasta hoy no hay fecha concreta de apertura.

El designado embajador, Jorge Iván Ospina, ha manifestado su voluntad de asumir funciones, pero su traslado al territorio palestino sigue supeditado a varios condicionantes, lo que le deja “de papel”.

Las barreras no son únicamente logísticas: la diplomacia regional, las relaciones con Israel y los procedimientos de acreditación afectan la viabilidad del proyecto de embajada.

En términos de política exterior, esta misión esperada puede ser una ventana de Colombia hacia el mundo árabe, pero la demora genera críticas sobre prioridades y coherencia estratégica.

Desde Bogotá se señala que podrían explorarse arreglos alternativos –por ejemplo una oficina consular o misión no residente– mientras se concreta la sede, lo que demuestra flexibilidad pero también dilación.

La comunidad internacional observa el avance de Colombia en este frente diplomático, en un momento en que el reconocimiento del Estado palestino gana terreno, pero también enfrentan resistencias regionales.

Finalmente, la puesta en marcha de la embajada será un símbolo, pero también una herramienta: para los colombianos en la región, para la cooperación, para la voz de Colombia en Medio Oriente.

La embajada colombiana en Palestina sigue siendo una promesa pendiente. Para que ese paso sea real, es necesario concretar la sede, acreditar al embajador y desplegar funciones. Así la diplomacia dejará de ser anuncio y se transformará en presencia tangible.

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