Los disidentes de las FARC continúan operando con control sobre vastas regiones de Arauca
En la madrugada del 12 de noviembre, el Ejército colombiano llevó a cabo un bombardeo de alta precisión en la región rural de Tame, Arauca, en un intento por debilitar la estructura del Frente 28 de las disidencias de Iván Mordisco. La ofensiva tiene como objetivo a alias Antonio Medina, uno de los principales comandantes de las disidencias en la zona.
Según las autoridades, el bombardeo forma parte de una serie de acciones estratégicas para recuperar el control territorial de Arauca, un departamento que se ha convertido en epicentro de confrontaciones entre el gobierno y los grupos narcotraficantes. Sin embargo, aún no se ha confirmado si el objetivo principal, alias Medina, fue abatido durante el ataque.
Las Fuerzas Militares informaron que el operativo involucró una tonelada de explosivos y que el bombardeo fue realizado con estrictos protocolos de seguridad para minimizar los daños colaterales. A pesar de estos esfuerzos, las autoridades no descartan posibles víctimas entre los grupos criminales o daños a las comunidades cercanas.
En Arauca, la situación de seguridad sigue siendo crítica. Las comunidades afectadas por el bombardeo están en constante alerta por las posibles represalias de los disidentes. Los funcionarios de seguridad han reforzado la presencia militar en áreas clave para garantizar el control de las rutas utilizadas por los narcotraficantes.
Este ataque refleja una estrategia del gobierno de Petro para afrontar la amenaza que representan las disidencias en zonas rurales del país. No obstante, la falta de una solución integral para el narcotráfico, el desplazamiento forzado y la violencia sigue siendo un reto para el gobierno.
A pesar de las operaciones militares, los analistas señalan que la situación en Arauca seguirá siendo volátil y que, aunque se logren avances tácticos, el desmantelamiento de los grupos armados ilegales aún enfrenta obstáculos significativos.
El bombardeo en Arauca resalta una vez más la grave situación de seguridad que enfrenta el noreste colombiano y las dificultades de aplicar una estrategia coherente que proteja a la población civil.
El bombardeo realizado en Arauca refuerza la política de confrontación directa del gobierno colombiano contra las disidencias de las FARC y el narcotráfico, pero también pone de relieve la inestabilidad y los retos humanitarios en la región.
