sáb. Feb 28th, 2026

Qué significa para Colombia la amenaza de Trump

La relación entre Colombia y Estados Unidos atraviesa su momento más crítico en décadas. El presidente Donald Trump admitió públicamente el 14 de noviembre que su gobierno “tiene un problema en Colombia”, encendiendo alarmas en Bogotá sobre posibles consecuencias económicas y políticas. Esta declaración, realizada a bordo del Air Force One, confirma lo que colombianos y analistas venían anticipando: la crisis bilateral escaló a un nivel sin precedentes.

Para entender la magnitud de este conflicto, es necesario revisar cómo llegamos aquí. Desde que Gustavo Petro asumió la presidencia en 2022, las diferencias con Washington sobre cómo combatir el narcotráfico han sido evidentes. Mientras Colombia apostó por sustitución voluntaria de cultivos y suspensión de fumigaciones, Estados Unidos mantiene su preferencia por métodos más agresivos y confrontacionales.

El punto de quiebre llegó con los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico colombiano. Estas operaciones, que han dejado al menos 70 muertos, fueron el detonante para que Petro suspendiera el intercambio de inteligencia con agencias estadounidenses. Ahora, Colombia enfrenta amenazas de suspensión de ayuda económica, nuevos aranceles y sanciones contra funcionarios del gobierno.

La economía colombiana podría sentir fuertemente el impacto de este conflicto. Estados Unidos amenaza con suspender los aproximadamente 450 millones de dólares anuales en ayuda, principalmente destinados a seguridad y desarrollo rural. Aunque esta cifra representa una fracción del presupuesto nacional, los programas financiados con estos recursos benefician directamente a comunidades en zonas de conflicto que difícilmente encontrarán reemplazo inmediato.

Los aranceles comerciales anunciados por Trump representan otra amenaza concreta. Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia, absorbiendo cerca del 25 por ciento de las exportaciones colombianas. Flores, café, banano y productos manufactureros que sostienen miles de empleos en el país podrían verse afectados por medidas proteccionistas. Los empresarios colombianos observan con preocupación cómo se deteriora una relación comercial vital.

En las calles de Bogotá, Medellín, Cali y otras ciudades, los colombianos tienen opiniones divididas sobre este conflicto. Algunos apoyan la postura de Petro de defender la soberanía nacional y rechazar lo que consideran intervencionismo estadounidense. Otros critican al presidente por arriesgar la relación con el aliado histórico más importante del país. Esta división refleja las fracturas políticas más amplias en la sociedad colombiana.

Las Fuerzas Militares colombianas enfrentan una situación particularmente compleja. Durante décadas construyeron una relación estrecha de cooperación con sus contrapartes estadounidenses. Ahora deben operar en un escenario donde esa cooperación está seriamente limitada. El intercambio de inteligencia suspendido por Petro afecta directamente su capacidad operativa contra grupos armados y redes de narcotráfico.

La clase política colombiana también está dividida. La oposición al gobierno de Petro ha criticado duramente la decisión de romper la cooperación de inteligencia con Estados Unidos. Expresidentes como Iván Duque la calificaron de “estupidez” que debilita la seguridad nacional. Por su parte, aliados del gobierno defienden la decisión como un acto necesario de dignidad nacional frente a acciones que consideran violatorias del derecho internacional.

De cara a las elecciones presidenciales de 2026, este conflicto se ha convertido en tema central de campaña. La derecha colombiana promete restablecer buenas relaciones con Washington si llega al poder. Los sectores afines a Petro defienden el derecho de Colombia a diseñar políticas autónomas sin subordinarse a presiones externas. El resultado electoral determinará en gran medida el futuro de la relación bilateral.

La opinión pública internacional también ha entrado al debate. Países como Reino Unido y Francia expresaron preocupaciones sobre la legalidad de los ataques militares estadounidenses, dándole algo de respaldo a la posición colombiana. Sin embargo, esto no se ha traducido en apoyo concreto que compense las pérdidas que Colombia podría sufrir por el distanciamiento con Washington. El país sudamericano se encuentra relativamente aislado en su confrontación con la potencia del norte.

Colombia está en una encrucijada histórica. Las próximas semanas y meses determinarán si este conflicto escala hacia consecuencias económicas severas o si ambos gobiernos encuentran formas de coexistir a pesar de sus diferencias. Para los colombianos de a pie, la incertidumbre se ha convertido en parte de la realidad cotidiana mientras observan cómo sus líderes navegan esta crisis sin precedentes.

Lo que es claro es que la relación entre Colombia y Estados Unidos nunca volverá a ser lo que era. Independientemente de cómo se resuelva el conflicto actual, quedará una marca permanente. El país debe prepararse para un escenario donde la cooperación con Washington ya no puede darse por sentada, y donde será necesario diversificar alianzas y fortalecer la capacidad de acción autónoma. El futuro de Colombia se escribe hoy, en medio de una de las crisis diplomáticas más significativas de su historia reciente.

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