Tras el ataque, los residentes se organizaron para pedir más seguridad y mejor iluminación en la zona
La noche del sábado dejó una marca difícil de borrar en la memoria de quienes viven en el sector de Los Lagartos, en la localidad de Suba. Los vecinos aseguran que nunca habían escuchado un tiroteo tan intenso en la zona. “Parecía una guerra”, comenta una residente que prefirió no dar su nombre. Desde sus ventanas, muchos alcanzaron a ver destellos, una camioneta de alta gama tratando de maniobrar y, finalmente, el eco de los disparos rebotando entre los edificios cercanos a la calle 116 con carrera 72.
Los minutos posteriores estuvieron llenos de incertidumbre. Algunas familias apagaron las luces por miedo a quedar expuestas, otras buscaron refugio en habitaciones internas y hubo quienes llamaron de inmediato a sus familiares para avisar que estaban bien. En grupos de chat del barrio comenzaron a multiplicarse los mensajes: “¿Escucharon los disparos?”, “¿Alguien sabe qué pasó?”. Solo cuando las primeras imágenes del carro baleado comenzaron a circular en redes y en noticieros, muchos entendieron la magnitud de lo ocurrido.
Para quienes presenciaron de cerca la escena, el miedo no se limita al momento de la balacera. Varios habitantes confiesan que ahora sienten desconfianza al ver motos acercándose a vehículos, incluso en plena luz del día. “Ya uno no sabe si salir tranquilo a caminar con los niños o a pasear el perro”, cuenta un vecino, que recuerda otros casos de atracos y fleteos reportados en el norte de Bogotá en los últimos meses. El caso de Los Lagartos, dicen, fue la gota que rebosó la copa.
Tras el ataque, algunos residentes se reunieron de manera espontánea en porterías y salones comunales para discutir qué hacer. De esas conversaciones surgieron peticiones concretas: más iluminación en parques y andenes, presencia permanente de patrullas en horarios críticos, instalación de nuevas cámaras y canales directos de comunicación con el cuadrante de Policía. También se habló de la importancia de reportar personas y vehículos extraños, sin caer en señalamientos infundados, pero sin minimizar las señales de riesgo.
En los días siguientes, los administradores de varios conjuntos residenciales citaron a reuniones extraordinarias. El tema central fue la seguridad del barrio y el impacto psicológico que hechos como este dejan en niños y adultos. Psicólogos invitados a algunas de estas charlas recordaron que es importante escuchar a los menores, explicarles que lo ocurrido fue un hecho grave pero aislado, y enseñarles rutas de acción en caso de escuchar disparos o presenciar un robo, sin exponerlos innecesariamente a detalles traumáticos.
Mientras tanto, algunos comerciantes del sector comenzaron a replantear sus horarios de atención y las rutinas de traslado de dinero en efectivo. Varios han optado por usar servicios bancarios digitales, programar acompañamiento al momento de hacer consignaciones o retiros, y reforzar medidas como cámaras internas y botones de pánico. La sensación compartida es que la delincuencia se ha ido acercando a espacios que antes se consideraban relativamente seguros, y que adaptarse a esa realidad es hoy una necesidad.
Para la comunidad de Los Lagartos, la balacera no es solo un hecho policial más, sino un punto de inflexión. A partir de ahora, cuentan, será inevitable mirar con mayor atención a las motos que pasan y a las camionetas que se detienen en las esquinas. Sin embargo, también insisten en la importancia de no dejar que el miedo los paralice y de convertir esta experiencia en un motor para fortalecer la organización barrial, exigir resultados a las autoridades y cuidar entre todos el territorio que comparten.
El impacto de la balacera en medio de un atraco en Los Lagartos, que dejó dos heridos y una camioneta baleada en la calle 116 con carrera 72, va más allá de las cifras oficiales. En este barrio del norte de Bogotá, los vecinos hablan de miedo, cambios de rutina y nuevas formas de organización comunitaria para enfrentar la delincuencia y los atracos violentos en Suba. A la espera de capturas y resultados concretos por parte de la Policía, la comunidad insiste en que la única forma de recuperar la tranquilidad es combinando presencia institucional, prevención y una red sólida de apoyo entre residentes.
