Dariel Giraldo, oriundo de Cimitarra y residente en Bucaramanga, murió en un ataque con drones ruso mientras combatía en Ucrania; su cuerpo quedó en una zona bajo control enemigo
En Cimitarra, Santander, las conversaciones en el parque principal y en los barrios giran desde hace días alrededor de un mismo nombre: Dariel Alonso Giraldo Morales. El hombre, que creció en este municipio y más tarde se trasladó a Bucaramanga para trabajar en empresas de vigilancia, murió en la guerra de Ucrania tras enlistarse como combatiente. Su historia, marcada por la búsqueda de oportunidades económicas, se ha convertido en símbolo del costo humano que el conflicto europeo está dejando en familias del Magdalena Medio santandereano.
Dariel prestó servicio militar en el Batallón de Infantería General Rafael Reyes Prieto, en Cimitarra, y allí se consolidó su vocación castrense. Al terminar su paso por el Ejército, migró hacia Bucaramanga, donde trabajó como guarda, supervisor y escolta para varias compañías de seguridad privada. A pesar de su experiencia, los salarios eran modestos y la inestabilidad laboral le impedía concretar metas como la compra de una casa para su mamá e hijos, quienes permanecían en Santander.
Fue en ese contexto que, en junio, decidió enlistarse en Ucrania. Viajó desde Colombia con la promesa de un salario cercano a los 19 millones de pesos mensuales, cifra que multiplicaba lo que ganaba en la región. Para su familia en Cimitarra, la decisión fue difícil de aceptar, pero la interpretaron como un intento de aprovechar su experiencia militar en un escenario donde, pensaban, esa capacidad sería mejor remunerada y reconocida.
Durante los primeros meses, las comunicaciones entre Ucrania y Santander eran frecuentes. Desde Bucaramanga, los familiares seguían a Dariel a través de videollamadas y mensajes, escuchando sus relatos sobre el clima, los entrenamientos y las misiones. Sin embargo, también percibían su creciente preocupación por la dureza del frente. Según contó su hermana, en algún momento él solicitó la baja, pero sus superiores se la negaron y optaron por reubicarlo en otra zona del país europeo.
La noticia de su muerte llegó a Santander el 19 de noviembre. Los mandos informaron que el santandereano había fallecido tres días antes, el 16 de noviembre, cuando un ataque con drones rusos impactó las trincheras donde se encontraba desplegado. Hubo dos muertos y un herido, y fue uno de los sobrevivientes quien relató los últimos minutos de la operación. Desde entonces, en Cimitarra y Bucaramanga se organizan cadenas de oración y actos simbólicos para homenajearlo.
Lo que más duele a sus allegados es saber que el cuerpo de Dariel no podrá regresar al departamento. La zona donde cayó está, según el reporte, bajo control de fuerzas rusas, lo que hace extremadamente peligroso recuperar los restos. A su familia le dijeron que sería “un suicidio” enviar a alguien a esa área, de modo que por ahora no hay posibilidad de repatriación. En el municipio hablan de realizar un sepelio simbólico y de instalar alguna placa en su memoria, como ya se ha hecho con otras víctimas del conflicto en el exterior.
Con este caso, ya son cuatro los santandereanos que han muerto en Ucrania en menos de seis meses, un dato que preocupa a líderes sociales y autoridades locales. En Cimitarra y el área metropolitana de Bucaramanga se discute si se está haciendo lo suficiente para ofrecer alternativas laborales a ex militares y trabajadores de la seguridad privada, y qué tipo de información se les brinda sobre los riesgos reales de viajar a una guerra extranjera. Mientras tanto, la familia de Dariel insiste en que su recuerdo debe servir para reflexionar sobre las condiciones de vida en Santander y sobre las razones que empujan a sus habitantes a buscar respuestas en campos de batalla tan lejanos.
El caso de Dariel Giraldo, combatiente oriundo de Cimitarra que murió en Ucrania y cuyo cuerpo no podrá ser repatriado, se ha convertido en tema central de conversación en Santander. Su historia enlaza a Cimitarra, Bucaramanga y el resto del departamento con la guerra entre Ucrania y Rusia, y pone en primer plano las dificultades laborales que enfrentan ex militares y trabajadores de seguridad privada. Para lectores que buscan información sobre santandereanos muertos en Ucrania, esta crónica local permite entender el impacto del conflicto en las familias del Magdalena Medio y las respuestas que piden hoy a las autoridades regionales y nacionales.
