sáb. Feb 28th, 2026

Gremios y Gobierno ven el gas natural como un combustible de transición para respaldar la expansión de la energía solar y eólica, especialmente en regiones como La Guajira

La confirmación de grandes volúmenes de gas en Sirius-2 reabre la discusión sobre el papel de este combustible en la transición energética de Colombia. Mientras algunos sectores plantean una salida acelerada de los hidrocarburos, asociaciones como Naturgas y la industria de petróleo y gas argumentan que el gas natural puede funcionar como un “puente” hacia una matriz más limpia y estable.

En la práctica, el gas tiene ventajas frente a otros combustibles fósiles: emite menos dióxido de carbono que el carbón y el fuel oil por unidad de energía generada y permite respaldar la generación renovable cuando no hay sol ni viento suficientes. Para un país con alta variabilidad climática y fuerte dependencia de la hidroelectricidad, contar con un respaldo flexible y menos contaminante resulta clave para evitar racionamientos.

El offshore del Caribe, con proyectos como Sirius, Uchuva y Orca, se presenta como el principal reservorio para ese rol de combustible de transición. Los volúmenes ya descubiertos, que superan los seis TPC solo en Sirius-2, podrían multiplicar las reservas probadas actuales y dar al país margen para planear la expansión renovable sin la presión constante de un déficit de gas.

Sin embargo, organizaciones ambientales y algunos expertos advierten que el desarrollo del gas costa afuera debe estar alineado con las metas de descarbonización a 2030 y 2050. Eso implica definir horizontes claros para el uso interno del gas, evitar nuevas infraestructuras que se vuelvan “activos varados” y usar los recursos fiscales generados para financiar la transición hacia energías limpias y la adaptación al cambio climático en regiones vulnerables.

Otro elemento de la discusión es la transparencia. La ciudadanía demanda información clara sobre contratos, regalías, impactos ambientales y socioeconómicos, así como mecanismos efectivos de vigilancia y participación. La experiencia de otros países muestra que la gestión responsable de recursos costa afuera puede reforzar la confianza en las instituciones; lo contrario alimenta desconfianza y resistencias locales.

Desde la óptica social, el gas offshore puede ser una oportunidad para reconversión laboral. Programas de formación técnica, alianzas con universidades del Caribe y esquemas de empleo local permitirían que jóvenes de Santa Marta, Riohacha o Barranquilla accedan a trabajos bien remunerados en una industria de alta tecnología, al tiempo que se preparan para futuros empleos en energías renovables y soluciones de bajas emisiones.

En síntesis, el debate sobre Sirius-2 trasciende el ámbito técnico. No se trata solo de cuántos terapies cúbicos de gas hay bajo el mar, sino de cómo ese recurso se integra a una estrategia de largo plazo que combine seguridad energética, transición climática y desarrollo regional. Las decisiones que se tomen hoy definirán si el gas del Caribe será un trampolín hacia una matriz más limpia o una nueva dependencia difícil de desmontar.

Si Colombia logra articular el desarrollo del gas offshore con sus metas de transición energética, Sirius-2 podrá verse en unos años como un proyecto bisagra: suficiente para garantizar el suministro mientras despegan masivamente la energía eólica, la solar y las soluciones de bajas emisiones. Integrar criterios de descarbonización, transparencia y participación ciudadana en cada etapa será crucial para que el gas del Caribe se convierta en un aliado del clima y no en un obstáculo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *