sáb. Feb 28th, 2026

Un estudio del Hospital Universitario Nacional encontró que un concierto en el Vive Claro superó los límites de ruido definidos para el subsector hospitalario nocturno

El Centro Cultural Vive Claro, uno de los escenarios más recientes para conciertos masivos en Bogotá, está en el centro de una controversia por el impacto de sus eventos sobre un vecino sensible: el Hospital Universitario Nacional de Colombia. La institución dio a conocer los resultados de un estudio en el que advierte que, durante un concierto del 7 de octubre, los niveles de ruido registrados excedieron los parámetros previstos para el entorno hospitalario y para espectáculos nocturnos.

Las mediciones se hicieron en cinco puntos cercanos al hospital, escogidos para captar el comportamiento del sonido en diferentes direcciones. El informe concluye que todos los valores superaron los 50 decibeles permitidos en zonas hospitalarias durante la noche y que, en tres puntos, el ruido alcanzó niveles por encima de los 70 decibeles, umbral que no debería sobrepasarse en conciertos al aire libre según la reglamentación vigente.

Para el Hospital Universitario Nacional, la principal preocupación es la salud de los pacientes. Personas internadas en unidades de cuidados intensivos, hospitalización general y servicios de larga estancia requieren ambientes de descanso controlado; sin embargo, durante el concierto evaluado se registraron múltiples quejas por ruido, molestias para dormir y sensación de vibración en la infraestructura. El personal sanitario advierte que, en un contexto de alta demanda asistencial, el ruido se convierte en un factor adicional de estrés.

La institución sumó a sus alertas los problemas de movilidad que se presentan en los alrededores del Vive Claro, especialmente antes y después de los conciertos. La llegada masiva de asistentes genera congestión en vías cercanas, lo que puede retrasar la entrada y salida de ambulancias, complica el acceso de familiares y dificulta la logística interna del hospital, que depende de tiempos precisos para el traslado de pacientes y suministros.

En comunicaciones enviadas a distintas entidades del Distrito, el hospital solicitó la adopción de un plan de mitigación de ruido y de movilidad. Entre las medidas propuestas se mencionan límites claros para los niveles de sonido, ajustes en la orientación de las tarimas, mejor coordinación con los organismos de tránsito y la implementación de barreras físicas o soluciones de diseño que protejan específicamente el entorno hospitalario. También se pidió acceso a los estudios que el operador del Vive Claro habría encargado a laboratorios especializados.

El escenario, por su parte, continúa avanzando en su agenda de espectáculos con artistas de alto impacto mediático. Desde su anuncio, el Vive Claro ha sido presentado como un proyecto que busca posicionar a Bogotá como destino de grandes conciertos, en articulación con empresas privadas y promotores culturales. No obstante, el caso del ruido obliga a revisar cómo se están gestionando los impactos sobre el territorio y qué mecanismos de seguimiento aplican las autoridades para controlar que se cumplan las normas ambientales.

Para especialistas en políticas urbanas, lo que ocurra con este conflicto entre el hospital y el Vive Claro será un referente para futuras decisiones de localización de escenarios masivos. Señalan que la experiencia internacional muestra que es posible desarrollar distritos culturales integrados a la ciudad, siempre que se definan perímetros de protección, controles de ruido y planes de movilidad robustos. En Bogotá, el reto está en encontrar ese equilibrio, de forma que la música y los eventos sigan llegando, pero sin afectar el derecho al descanso y a la salud de quienes viven y se atienden en esta zona.

El llamado del Hospital Universitario Nacional frente al ruido del Centro Cultural Vive Claro obliga a Bogotá a replantear cómo conviven los distritos culturales con los servicios de salud y las comunidades vecinas. La revisión de la normativa de ruido, los pactos de operación con los operadores de conciertos y la participación de los habitantes del sector serán claves para construir un modelo de entretenimiento responsable, que proteja a los pacientes y cumpla los estándares de calidad ambiental en la capital.

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