El recorrido de Brilla Sueños se construye como una secuencia de escenas que llevan al visitante por distintos universos de luz
La noche inicia a las afueras del Recinto Festival Brilla, donde familias, parejas y grupos de amigos se organizan en filas mientras revisan boletas digitales y se abrigan contra el frío bogotano. Una vez cruzado el acceso, la primera impresión es un gran corredor iluminado que actúa como antesala al recorrido principal, enmarcado por estructuras de luz que marcan el tono de lo que será un paseo nocturno por la fantasía.
El camino, de aproximadamente un kilómetro, se va descubriendo en segmentos. El visitante atraviesa portales láser que juegan con la profundidad, pasa por bosques iluminados donde los árboles parecen cobrar vida y entra en jardines de luciérnagas recreados con cientos de puntos de luz que simulan el movimiento de estos insectos. Cada cambio de ambiente genera una pausa espontánea para fotografías y videos, parte fundamental de la experiencia para muchos asistentes.
A medida que avanza el recorrido, aparecen esculturas de gran formato, marionetas suspendidas y coristas que integran música y teatralidad al paseo. Algunas instalaciones reaccionan al paso de las personas: cambian de color, se iluminan con mayor intensidad o activan sonidos específicos, lo que refuerza la percepción de estar dentro de un sueño que responde a la presencia del público. El papel de la tecnología es evidente, pero se integra de forma orgánica al relato visual.
El ambiente, sin embargo, no se limita al espectáculo de luces. A lo largo del trayecto hay zonas de descanso donde las familias se sientan a contemplar el paisaje iluminado, así como puntos de venta de alimentos y bebidas que permiten hacer una pausa. Niños y niñas recorren el lugar con curiosidad, mientras adultos mayores siguen el paso a su ritmo, aprovechando que la experiencia fue diseñada para ser accesible para todas las edades y para personas en silla de ruedas.
Uno de los atractivos más comentados es la pista de hielo, que concentra buena parte de las risas y fotografías. Allí, quienes se animan a patinar complementan la caminata con una actividad diferente, mientras el resto del grupo observa desde las barandas o se dirige a otras atracciones. La combinación de recorrido y actividades adicionales ayuda a que cada visita sea distinta y se adapte a los intereses de cada familia.
El tiempo recomendado de visita, alrededor de dos horas, se cumple casi sin que los asistentes lo noten. Entre detenerse a tomar fotos, probar alimentos, escuchar música y recorrer los 25 espacios interactivos, la experiencia termina configurándose como una noche completa en un solo lugar. Para muchos, la salida al festival se convierte en un ritual de temporada, comparable a armar el árbol de Navidad o visitar los alumbrados del centro de la ciudad.
Al llegar a la salida, la imagen final suele ser la de familias comentando cuál fue su instalación favorita y revisando las fotografías capturadas durante el recorrido. Esa combinación de memoria visual y vivencia compartida es, en buena medida, el objetivo del Festival Brilla Sueños: ofrecer a Bogotá un escenario donde la luz, el arte y el tiempo en familia se encuentren en un mismo espacio, en pleno corazón de la temporada navideña.
Esta crónica resume cómo se vive, paso a paso, una noche en el Festival Brilla Sueños 2025 en Bogotá: entrada, recorrido de un kilómetro, 25 espacios interactivos, pista de hielo y zonas de comida. Para quienes buscan opiniones, experiencias y reseñas del Festival Brilla, así como información sobre qué encontrar en el recinto y cómo aprovechar mejor la visita, este relato ofrece una visión clara de lo que significa asistir a uno de los eventos de luz más importantes de la ciudad.
