La disputa por la Gobernación del Magdalena detonó el conflicto
En el corazón del Caribe colombiano, el Magdalena volvió a ser noticia. Esta vez no por sus playas ni por el auge turístico de Santa Marta, sino por la ruptura entre dos de los principales referentes del progresismo: el presidente Gustavo Petro y el exgobernador Carlos Caicedo. La disputa por las elecciones atípicas a la Gobernación del Magdalena terminó convirtiéndose en el escenario donde se hizo visible una fractura que hoy sacude la política regional y nacional.
Todo comenzó cuando el presidente y varias figuras del Pacto Histórico decidieron respaldar a Rafael Noya, un candidato que juntó apoyos desde la izquierda hasta sectores tradicionales, mientras Fuerza Ciudadana defendía la aspiración de Margarita Guerra como la carta para preservar su proyecto en el departamento.
En Santa Marta, esa combinación de respaldos cruzados fue leída como una señal de que la Casa de Nariño estaba cambiando de socios en la región.
Caicedo reaccionó con dureza y viajó a Bogotá para, desde muy cerca de la Casa de Nariño, acusar al presidente de “aniquilar” a Fuerza Ciudadana y de estar “secuestrado” por una cúpula que, según él, no representa al Caribe ni a las bases populares que han apoyado el cambio.
Sus palabras tuvieron eco inmediato en las sedes de su movimiento en Santa Marta, donde dirigentes de barrio y militantes comenzaron a cuestionar qué papel jugarán ahora en la política nacional.
Para el Magdalena, la ruptura no es solo un titular. El departamento viene de un proceso en el que el caicedismo consolidó presencia en la Alcaldía de Santa Marta y en la Gobernación, construyendo un relato de transformación frente a los clanes tradicionales.
El choque con el Gobierno nacional pone en suspenso esa historia y abre la puerta a un reacomodo de fuerzas entre movimientos locales, Pacto Histórico y partidos tradicionales.
En las calles del centro histórico de Santa Marta, en Taganga, en los barrios del oriente y en municipios ribereños, la pregunta se repite: ¿con quién se queda el voto del cambio? Algunos líderes comunitarios sostienen que seguirán respaldando a Fuerza Ciudadana por su trabajo en el territorio; otros consideran que, más allá de la pelea, el presidente sigue siendo referente nacional del progresismo. Esa tensión cruzada convierte al Magdalena en un laboratorio político rumbo a 2026.
La fractura también envía señales a otros departamentos de la región Caribe, donde el petrismo y movimientos aliados habían tejido acuerdos para las elecciones locales. Lo que ocurra en Santa Marta y el Magdalena será observado de cerca en Atlántico, La Guajira, Cesar, Sucre, Córdoba y Bolívar, donde las disputas entre liderazgos locales y decisiones tomadas desde Bogotá podrían replicar dinámicas similares.
De cara al posicionamiento en buscadores, la historia de la ruptura entre Petro y Caicedo en el Magdalena se convierte en un tema clave para entender el futuro del progresismo en el Caribe colombiano. Los próximos movimientos de Fuerza Ciudadana en Santa Marta, las decisiones del Pacto Histórico en el departamento y la manera en que responda el electorado del Magdalena marcarán si la región sigue siendo un bastión del cambio o si la división abre espacio a la recomposición de los clanes tradicionales y de las fuerzas conservadoras en este punto estratégico del mapa político nacional.
