sáb. Feb 21st, 2026

CECH prepara decisión sobre lineamientos para la región

La Sabana de Bogotá, uno de los territorios más estratégicos del país por concentrar a la capital y buena parte del dinamismo económico de Cundinamarca, entró en cuenta regresiva hacia una decisión clave. El próximo 2 de diciembre, el Consejo Estratégico de la Cuenca Hidrográfica del Río Bogotá (CECH) deberá definir si aprueba las directrices ambientales que orientarán el desarrollo regional durante los próximos años. La sesión más reciente dejó sobre la mesa los avances técnicos, pero aplazó el cierre por la necesidad de ajustar y revisar las actas de reuniones anteriores.

Las directrices, elaboradas por el Ministerio de Ambiente, se proyectan como una determinante para el ordenamiento de Bogotá y decenas de municipios de la sabana. Su eje es la protección de áreas de recarga de acuíferos, humedales, bosques andinos y zonas de amenaza por inundaciones y deslizamientos, en una región que ha visto cómo su suelo rural se transforma a ritmo acelerado por proyectos de vivienda, plataformas logísticas y corredores viales. La medida busca dar un marco común a las decisiones urbanísticas de Bogotá y Cundinamarca.

Para la capital, cuyo POT ya incluye determinantes ambientales asociadas al río Bogotá y a los humedales urbanos, el reto está en armonizar estos instrumentos con la resolución nacional. La Administración Distrital ha insistido en la necesidad de contar con espacios de coordinación efectivos con el Ministerio, de modo que las nuevas reglas no desconozcan decisiones locales ni generen incertidumbre en proyectos que ya cuentan con licencias y estudios. La EAAB, por ejemplo, ha puesto especial atención en que las actas del CECH recojan fielmente sus análisis sobre el comportamiento del agua en la cuenca.

Desde el lado de Cundinamarca, la discusión se cruza con grandes apuestas de integración regional. Obras como el Regiotram de Occidente, el Regiotram del Norte y el Tren del Norte, que conectarán municipios sabaneros con Bogotá, deben ser compatibles con las nuevas determinantes ambientales. De ahí el interés de la Gobernación y de los alcaldes municipales en conocer con claridad cuáles serán las restricciones en zonas por donde pasarán nuevas vías férreas, troncales y desarrollos de vivienda asociados.

La sabana también es un territorio emblemático por su red de humedales, varios de ellos reconocidos a nivel internacional por su importancia ecológica. Estos ecosistemas, que ayudan a regular el agua y albergan una gran diversidad de aves, se han visto fuertemente presionados por la expansión urbana en los últimos años. Las directrices buscan reforzar su protección y evitar que se repitan episodios de inundaciones en la Autopista Norte y otros corredores viales donde se interrumpió la conexión hídrica entre cuerpos de agua.

Para los habitantes de Bogotá, la discusión puede parecer lejana, pero tiene efectos directos en su día a día. Las decisiones sobre dónde se permite construir, qué zonas deben mantenerse libres de urbanización intensiva o qué áreas se priorizan para agricultura y conservación influirán en el precio del suelo, los tiempos de desplazamiento, el riesgo de inundaciones y la disponibilidad de espacios verdes. Por eso, organizaciones de la capital han llamado a seguir de cerca lo que ocurra en el CECH y a considerar estas directrices como un tema de interés ciudadano, no solo técnico.

Con la fecha de diciembre a la vista, Bogotá y Cundinamarca se preparan para un fallo que puede redefinir su mapa de desarrollo. La manera como se comuniquen y se implementen las decisiones será fundamental para que los municipios de la sabana sepan a qué atenerse y puedan ajustar sus instrumentos de planificación, evitando mensajes contradictorios sobre lo que está permitido o no en el territorio.

Si el CECH aprueba las directrices ambientales para la Sabana de Bogotá, la región contará con un marco actualizado para cuidar la cuenca del río Bogotá y ordenar su crecimiento urbano. El desafío estará en que estas reglas se traduzcan en acciones concretas en los POT de Bogotá y los municipios de Cundinamarca, con seguimiento ciudadano y coordinación institucional.

En un contexto de alta presión demográfica y de proyectos como Regiotram y el Tren del Norte, el resultado de la sesión de diciembre será determinante para el futuro ambiental de la sabana y para la calidad de vida de millones de habitantes que se mueven cada día entre la capital y los municipios vecinos.

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