Qué nos enseña Shimao sobre las primeras ciudades
En medio de la meseta de Loess, en el norte de China, se levanta uno de los yacimientos arqueológicos que más está dando de qué hablar en la comunidad científica internacional: Shimao. Esta antigua ciudad de piedra, construida hace unos 4.000 años, está ayudando a reescribir el relato sobre dónde y cómo surgieron las primeras grandes urbes del país asiático. Su interés no se limita a China. Para lectores de América Latina y del mundo hispanohablante, la historia de Shimao aporta claves para entender procesos que se repiten en distintas regiones: cómo se forman las élites, de qué manera el comercio transforma los territorios y qué papel juega la violencia ritual en la consolidación del poder.
Un reciente estudio de ADN antiguo, basado en 169 individuos, ofrece información inédita sobre la organización social de la ciudad, sus conexiones con otras regiones y la estabilidad genética de sus habitantes a lo largo de más de un milenio.
Shimao se ubica en la actual provincia de Shaanxi, en un área que hoy combina paisajes semiáridos y zonas de agricultura. En la antigüedad, esta región funcionó como un corredor entre las llanuras agrícolas del sur y las estepas del norte, escenario que recuerda a muchos territorios latinoamericanos donde conviven economías campesinas, rutas comerciales y zonas de frontera. La ciudad ocupaba unos 4 km² y estaba rodeada por potentes murallas de piedra.
En su interior se han identificado barrios especializados, plataformas elevadas asociadas al poder y grandes cementerios jerarquizados. Este tipo de organización urbana permite compararla con otros centros tempranos del mundo, desde las primeras urbes mesopotámicas hasta asentamientos complejos en América, donde también se combinan arquitectura monumental y control social. Uno de los aspectos más llamativos del sitio es la evidencia de sacrificios humanos.
Bajo la Puerta Este se encontraron más de 80 cráneos, probablemente depositados durante la construcción de las murallas. Aunque estas prácticas puedan parecer lejanas, la idea de utilizar la violencia simbólica para fundar ciudades y legitimar el poder se repite en múltiples culturas antiguas, incluida la tradición de ofrendas humanas en Mesoamérica o los rituales guerreros en los Andes. El análisis de ADN antiguo posiciona a Shimao como un ejemplo de sociedad patrilineal, donde los linajes masculinos dominantes controlaban los espacios de mayor prestigio y los recursos clave. Ese patrón, observado en muchas sociedades históricas, ayuda a entender por qué ciertas familias se mantienen en el poder durante generaciones y cómo se construyen jerarquías difíciles de romper.
Al mismo tiempo, la ciudad muestra cómo un centro regional puede conectarse con territorios distantes sin perder su identidad. Shimao recibía objetos de lugares tan lejanos como la costa de Shandong o la estepa euroasiática, pero los perfiles genéticos indican que la mezcla poblacional fue limitada. En términos actuales, podría decirse que gestionó una “globalización controlada”, en la que se aceptaban las mercancías pero se regulaba estrictamente la integración de nuevas personas.
La presencia de señales genéticas vinculadas al sur de China, posiblemente asociadas a la expansión del cultivo del arroz, sugiere que también hubo momentos de apertura y adopción de innovaciones agrícolas. Este tipo de transformaciones, frecuentes en la historia de América Latina con la introducción de nuevos cultivos y tecnologías, recuerdan que las ciudades no son estáticas, sino que se reinventan a partir de influencias externas. Para lectores interesados en arqueología, historia global o incluso en estudios urbanos, Shimao ofrece un caso de estudio privilegiado: una ciudad que combina poder centralizado, comercio de largo alcance y ritualidad extrema, y que, gracias al ADN antiguo, puede ser analizada con un nivel de detalle impensable hace solo unas décadas.
Más allá de la fascinación por los sacrificios o las murallas monumentales, Shimao invita a reflexionar sobre preguntas muy actuales: ¿cómo se forman las élites?, ¿qué papel juegan las ciudades en la articulación de territorios diversos?, ¿cuánto se puede abrir una sociedad al intercambio sin transformar su identidad?
Responderlas a partir de un caso de hace 4.000 años no solo enriquece el debate académico, sino que ofrece herramientas para entender procesos que siguen vigentes en ciudades de todo el mundo, desde Asia hasta América Latina.
