Un método simple, sin prohibiciones, que invita a parar antes de llenarse

En el contexto actual, donde muchas personas sufren con dietas estrictas, el hábito japonés de Hara Hachi Bu propone una alternativa más amable: comer hasta alrededor del 80 % de la ingesta habitual, escuchando al cuerpo y evitando perder la señal de saciedad. No se trata de comer poco, sino de comer lo suficiente con atención.
La isla de Okinawa, donde este hábito se encuentra entre la población de mayor longevidad, ha sido estudio de interés para especialistas en salud pública. Allí, el ritmo de vida tranquilo, la alimentación moderada y la comunidad activa confluyen en bienestar. La dieta no es solo lo que se come, sino cómo se come.
De acuerdo al doctor López Rosetti, esta práctica favorece la digestión, permite al cuerpo percibir cuando está bien nutrido y reduce la carga al sistema digestivo. Al comer menos y mejor, se disminuyen factores de riesgo como el sobrepeso y la obesidad. Comer despacio, saborear cada bocado y hacer pausas son herramientas clave.
Desde un análisis de salud pública, el valor de Hara Hachi Bu radica en su sostenibilidad: no exige planes rígidos, ni elimina grupos de alimentos, ni genera el conocido efecto rebote. Esto la hace más viable y menos traumática para personas que quieren cambios de estilo de vida duraderos. En Colombia, donde la cultura alimentaria es rica pero también enfrenta desafíos de nutrición, puede ser especialmente útil.
Para aplicarlo, se recomienda reducir ligeramente las porciones, hacer pausas en la comida, masticar con más lentitud, y detenerse antes de sentir plena saciedad. Crear un ambiente que invite a comer con calma (sin televisión, sin teléfono) potencia la experiencia. Esta adaptación resulta más realista en la vida cotidiana de muchas personas.
En lo humano, dejar de ver la comida como enemigo o como meta para perder peso rápidamente, y verla como un acto de cuidado, puede transformar la relación con los alimentos. Esa transformación impacta no solo el cuerpo, sino también la mente y las emociones. Adoptar este hábito implica respeto por el ritmo del cuerpo, más que coerción.
En términos de adaptación local, en ciudades colombianas se puede aplicar con ingredientes típicos: frutas tropicales, verduras locales, porciones moderadas y comidas familiares tranquilas. Esta mezcla cultura-nutrición-atención puede ser la clave para que el hábito funcione aquí.
Adoptar el hábito japonés Hara Hachi Bu —comer hasta aproximadamente el 80 % de capacidad— representa una vía accesible, sostenible y humana para mantener un peso saludable sin dietas extremas. En Colombia y América Latina, su integración puede favorecer tanto la nutrición como la paz alimentaria, fomentando una relación más consciente, moderada y respetuosa con la comida.
