sáb. Feb 28th, 2026

En auditorios, foros ciudadanos y emisoras regionales, la escena se repite: aplausos entusiastas de los convencidos y silencios cautos de quienes quieren escuchar algo más que confrontación. La última medición lo puso en números: María Fernanda Cabal atraviesa un momento difícil por su imagen desfavorable. Es un malestar que se palpa en preguntas, miradas y encuestas internas.

“Me gusta la franqueza, pero necesito soluciones al precio de la canasta”, dice Ana, comerciante en Cali. Carlos, joven profesional en Bogotá, lo resume así: “Quiero seguridad, sí, pero también empleo y menos pelea”. Son frases que explican por qué, pese a su visibilidad, la senadora enfrenta un techo emocional en el centro urbano.

La campaña lo sabe. En reuniones reservadas circula una sentencia operativa: “prometer solo lo ejecutable”. El giro incluye tableros de metas de 90 días en seguridad barrial, alivios al costo de vida y trámites más rápidos. Menos adjetivos; más indicadores.

Pero el peso del archivo juega en contra. En un ecosistema digital que nunca olvida, cada frase encendida regresa para reforzar percepciones. La apuesta ahora es sumar voceros técnicos y abrir la agenda a economía, salud y educación, sin renunciar a sus banderas de orden.

En los territorios, el rechazo complica la aritmética de alianzas. Varios liderazgos regionales piden garantías de moderación para no pagar costos locales. La respuesta ha sido una ronda de encuentros programáticos con compromisos verificables.

La ciudadanía parece demandar certezas serenas: seguridad con respeto a la ley, crecimiento con empleo y una pelea frontal contra la corrupción que se mida con datos. Ese es el puente con el electorado indeciso.

En redes, el sentimiento muestra fatiga con la confrontación. La campaña prueba contenidos probatorios —minivideos con cifras, cronogramas, metas de corto plazo— para reconectar con públicos que hoy la miran con escepticismo.

El desafío es de tiempos. Si Cabal logra bajar el volumen y elevar la propuesta, puede detener la erosión y empezar a recuperar terreno. Si no, el reloj de 2026 será inflexible.

Reacciones de otros bloques celebran el tropiezo, pero advierten que el tablero sigue abierto en un país indeciso. La competencia real, recuerdan, será por el centro.

La historia aún no está escrita. El dato de hoy es duro, pero no definitivo. Todo depende del giro que logre en discurso, alianzas y prioridades.

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