mar. Feb 24th, 2026

Niños, comerciantes y viajeros quedaron atrapados en el fuego

En Mondomo, la mañana comenzó como cualquier sábado: algunos vecinos abrían sus tiendas, otros alistaban a los niños, varios esperaban transporte sobre la vía Panamericana. Todo cambió en segundos, cuando una explosión estremeció el corregimiento y una nube de humo comenzó a levantarse cerca de la estación de Policía. “Sentimos un estruendo que hizo temblar las ventanas, luego empezaron los disparos”, relata una comerciante que prefirió no dar su nombre por seguridad.

Los testimonios recogidos por medios regionales dan cuenta de un sentimiento común: miedo. Vecinos cuentan que, tras la explosión, se escucharon ráfagas de fusil y que muchos corrieron a refugiarse en el interior de sus casas, mientras otros se tiraban al piso para evitar ser alcanzados por una bala perdida. “Solo alcancé a abrazar a mis hijos y meternos debajo de la cama, se escuchaba como si estuvieran disparando por todos lados”, afirma una madre de familia del casco urbano de Mondomo.

En la vía Panamericana, el pánico también se hizo sentir. Conductores que transitaban entre Cali y Popayán frenaron sus vehículos, sin saber con claridad qué estaba pasando. Algunos grabaron videos desde la distancia, en los que se ve la columna de humo que sale de la zona de la estación, mientras voces en segundo plano preguntan si hay más explosiones y si es seguro avanzar. “Quedamos atrapados, nadie nos decía nada, solo veíamos gente corriendo”, cuenta un transportador.

En los barrios cercanos, las escenas se repetían. Personas mayores que revivieron recuerdos de otras épocas del conflicto armado en el Cauca, niños que lloraban sin entender por qué sus padres los alejaban de las ventanas, comerciantes que apuraban el cierre de rejas y cortinas metálicas. “Uno siente que el conflicto está lejos hasta que escucha una bomba al lado de su casa”, comenta un líder comunitario, que insiste en que Mondomo lleva años pidiendo más protección.

A medida que avanzaba el hostigamiento, comenzaron a circular audios en los que se escuchaban a integrantes de la Fuerza Pública pidiendo refuerzos. Para muchos habitantes, esas grabaciones se convirtieron en una mezcla de angustia y alivio: por un lado, confirmaban que el ataque era grave; por otro, mostraban que los uniformados seguían resistiendo y buscando apoyo. “Se sentía que el pueblo estaba en manos de lo que decidieran esos grupos, uno solo podía esperar que llegara el Ejército”, señala un habitante.

Cuando cesaron las detonaciones y disparos, quedó el silencio pesado de los escombros y el olor a pólvora. Las calles se llenaron de preguntas: quiénes eran exactamente los responsables, si habría heridos entre vecinos, cuánto tardaría en reabrirse la carretera, si el ataque se repetiría. Algunos habitantes aprovecharon para revisar los daños en sus viviendas; otros, simplemente, se quedaron mirando hacia la estación, como si intentaran entender cómo ese lugar, que antes era símbolo de protección, se había transformado en blanco de la guerra.

Para la comunidad, el atentado no solo dejó daños materiales, sino una huella emocional difícil de borrar. Padres que ahora se preguntan si es seguro dejar salir a sus hijos, comerciantes que temen perder clientes por la percepción de riesgo, viajeros que piensan dos veces antes de cruzar el norte del Cauca. “Lo que pasó en Mondomo es una herida más para un pueblo que solo quiere vivir tranquilo”, resume un habitante, mientras insiste en que la respuesta del Estado debe ir más allá de un despliegue de tropas y debe incluir inversión social, acompañamiento psicológico y oportunidades para los jóvenes del corregimiento.

Tras el ataque con explosivos a la estación de Policía, Mondomo no solo enfrentó daños en infraestructura y el cierre de la vía Panamericana, también quedó marcado por el miedo y la incertidumbre de sus habitantes. Sus relatos muestran el impacto humano de la escalada violenta en el Cauca y la urgencia de medidas que protejan a la población civil. En este corregimiento de Santander de Quilichao, la comunidad pide que el Estado no solo llegue cuando hay bombas, sino que permanezca con programas sociales, empleo y seguridad integral para que historias como la de este amanecer de terror no se repitan.

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