Una ruta de educación que convirtió una vida en la calle en un puntaje

En Bogotá, la historia de Jonathan Vergara emerge como un ejemplo de cambio: poco imaginaba que tras años viviendo en la calle alcanzaría el mejor puntaje del ICFES en la ciudad.
El joven relata que entre los factores que lo impulsaron a salir de la calle estuvieron la pérdida de confianza de su familia, la edad que tenía y el deseo de ser un ejemplo para su hijo.
Su camino hacia la educación formal se activó a través del programa CIPREIA de la Secretaría de Integración Social, diseñado para personas adultas o en condiciones de vulnerabilidad que desean obtener el título de bachillerato.
El acompañamiento de los docentes y la estructura de la educación flexible, que permite avanzar en etapas adaptadas, fueron fundamentales para que Jonathan recuperara el ritmo de estudio y concentrará su esfuerzo en las pruebas.
Cuando recibió la noticia de su puntaje, la reacción no fue solo personal sino colectiva: su madre, su familia y los docentes celebraron ese momento que marcó un antes y un después.
Ahora, con el título de bachiller y el mejor ICFES de Bogotá bajo el brazo, su meta está puesta en la universidad para estudiar ecología y medio ambiente —una forma de dar sentido a su nueva etapa.
A nivel urbano y educativo, su experiencia invita a las autoridades y al sector privado a reflexionar sobre cómo apoyar rutas de reinserción y educación para quienes han sido excluidos del sistema formal.
La historia de Jonathan Vergara es, para la ciudad de Bogotá, un símbolo potente de transformación y educación. Su tránsito de la calle al logro académico invita a considerar la relevancia de programas de educación flexible, estrategias de inclusión social y apoyo institucional para quienes han sido marginados. En ese sentido, su experiencia aporta al debate sobre cómo construir ciudades más equitativas y con oportunidades reales para todos.
