sáb. Feb 28th, 2026

El despliegue militar de Estados Unidos frente a Venezuela suma apoyos en el Caribe y Sudamérica, en medio de la tensión por el ‘Cartel de los Soles’

El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, enfocado en combatir el narcotráfico y presionar al denominado ‘Cartel de los Soles’ vinculado por Washington al gobierno de Nicolás Maduro, cuenta con el respaldo explícito de varios países de América Latina y el Caribe.

Entre los principales aliados aparecen Trinidad y Tobago, Guyana, Panamá, República Dominicana y El Salvador, además de apoyos políticos desde Argentina, Ecuador y Paraguay. Para Colombia, aunque no participa directamente en la operación, el movimiento tiene implicaciones en materia de seguridad regional y rutas marítimas.

La clave del despliegue está en la combinación de capacidades militares: buques de guerra, submarinos, unidades anfibias y aeronaves que operan desde bases en la región. Estados Unidos sostiene que el objetivo es reforzar la vigilancia sobre las rutas que utilizan organizaciones criminales para sacar cocaína hacia Norteamérica y Europa, muchas de las cuales parten o atraviesan aguas cercanas a la costa colombiana y a otros países andinos. Analistas señalan que, en la práctica, se trata de un mensaje de presión directa al gobierno venezolano.

Desde la perspectiva de Colombia, el despliegue se suma a otros esfuerzos de cooperación en seguridad con Estados Unidos, pero introduce un factor nuevo: la concentración de medios militares en un espacio marítimo compartido con países vecinos.

Esto podría derivar en mayores controles sobre embarcaciones que salgan de puertos colombianos del Caribe, así como en más intercambio de información de inteligencia sobre movimientos sospechosos en la zona.

En el plano diplomático, el listado de países que apoyan el operativo refleja una alineación con la tesis de Washington de declarar al ‘Cartel de los Soles’ como organización terrorista, decisión ya adoptada por Argentina, Ecuador y Paraguay.

Aunque Colombia no ha asumido esa misma calificación, sí ha insistido en foros internacionales en la necesidad de atacar las finanzas de las redes que controlan el tráfico de cocaína, lo que la coloca en un punto de convergencia en la agenda antidrogas.

Para los países que respaldan el despliegue, el costo político pasa por administrar la percepción interna de tener más presencia militar extranjera en su territorio o en sus aguas.

En Panamá, por ejemplo, el gobierno ha explicado que los ejercicios con Estados Unidos derivan de acuerdos de larga data, mientras que en República Dominicana se enfatiza el componente de cooperación con la DEA. En Trinidad y Tobago y Guyana, la narrativa se centra en la protección frente a amenazas externas y en el combate a las redes criminales transnacionales.

Venezuela, por su parte, ha denunciado la operación como una amenaza a su soberanía y ha respondido con anuncios de despliegues de misiles y armamento pesado en su franja costera.

Este cruce de mensajes, sumado a la presencia simultánea de buques y aeronaves de gran capacidad de fuego en el Caribe, eleva el riesgo de incidentes o errores de cálculo que podrían afectar a terceros países, incluyendo a Colombia, con costas compartidas y rutas comerciales que pasan por la zona.

A nivel interno, expertos consultados en Bogotá advierten que el país debe seguir de cerca la evolución del despliegue, especialmente por su impacto potencial en la seguridad del Caribe colombiano, en la lucha contra las organizaciones narcotraficantes y en la relación con los países que se han alineado con Estados Unidos o con Venezuela. Recomiendan fortalecer los canales diplomáticos y los mecanismos de coordinación marítima para evitar incidentes y aprovechar los espacios de cooperación que contribuyan a reducir el flujo de drogas desde la región.

En síntesis, el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe y el respaldo de países como Trinidad y Tobago, Guyana, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Argentina, Ecuador y Paraguay conforman un nuevo escenario de seguridad regional que Colombia no puede ignorar. Aunque el operativo tiene como bandera la lucha contra el narcotráfico y el ‘Cartel de los Soles’, su evolución definirá el clima político en el Caribe, el nivel de riesgo para las rutas marítimas y la forma en que los gobiernos latinoamericanos se posicionan frente a Washington y a Caracas en los próximos meses.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *