Paraná herido: la noche en que un tornado arrasó la ciudad
En la tarde del viernes 7 de noviembre de 2025, la pequeña ciudad brasileña de Rio Bonito do Iguaçu, en el estado de Paraná, vivió una escena de destrucción que parecía sacada de película: ráfagas de viento que llegaron a los 250 km/h, techos que salieron volando, comercios destruidos y familias enteras desplazadas. El fenómeno natural no solo cambió el paisaje de la ciudad, sino también la vida de sus habitantes.
El tornado se formó en condiciones atípicas para la región: aire cálido y húmedo del norte, una masa fría que avanzaba desde el sur, y un cizallamiento del viento altamente intenso. Esta conjunción permitió que una tormenta severa se organizara en una supercélula que descargó su furia sobre la localidad.
En cuestión de minutos, la ciudad quedó paralizada: edificios sin techo, calles bloqueadas por árboles y postes derribados, vehículos volcados y decenas de familias atrapadas entre los escombros. Según las autoridades, la destrucción alcanzó aproximadamente al 90 % de la ciudad.
La comunidad reaccionó con fuerza: vecinos que compartieron lo que tenían, ayuntamientos que habilitaron refugios en gimnasios, voluntarios que recorrieron barrios en busca de personas atrapadas. Pero también emerge la preocupación de lo que viene: ¿cómo reconstruir en una zona tan vulnerable?
En los días siguientes, el Estado movilizó brigadas, envió ayuda federal, y activó protocolos de atención. Sin embargo, los sobrevivientes señalan que la reconstrucción será lenta y costosa, y que los recursos locales son limitados.
A nivel regional, los daños no se limitaron a Rio Bonito: municipios próximos como Guarapuava también registraron destrucción significativa. El sur de Brasil, que ya había enfrentado inundaciones e incendios, se enfrenta ahora al reto de múltiples amenazas climáticas.
El relato de esta ciudad sirve como advertencia para otras regiones: la combinación de urbanización rápida, infraestructura poco preparada y fenómenos meteorológicos crecientes expone a miles a un riesgo creciente. Las autoridades locales ya plantean revisiones de códigos de construcción, mejoras en redes de alerta y educación ciudadana.
Mientras se levantan los escombros, los habitantes de Rio Bonito do Iguaçu miran hacia adelante: reconstruir su ciudad, reorganizar su vida y entender que la normalidad anterior quizá ya no exista. Pero también afirman que juntos pueden recuperar la esperanza y levantar un nuevo capítulo para la comunidad.
La historia del tornado en Rio Bonito do Iguaçu, en Paraná, es un espejo de los desafíos que enfrentan muchas ciudades latinoamericanas: la amenaza de fenómenos extremos, la fragilidad de la infraestructura y la necesidad de una cultura de prevención. Reconstruir será una tarea titánica, pero también una oportunidad para crear ciudades más resilientes frente al clima cambiante.
