vie. Feb 27th, 2026

La historia de Carla demuestra cómo una publicación puede sensibilizar sobre el bienestar animal en cuestión de horas

En cuestión de días, Carla pasó de ser una perrita recién llegada al refugio a convertirse en protagonista de una historia que recorre perfiles de Instagram, Facebook y otras redes. Su imagen, compartida por Adopta con Responsabilidad, llamó la atención por dos motivos: su piel sin pelo y la forma tranquila en la que posaba frente a la cámara.

Pronto comenzaron a llegar mensajes de usuarios que querían saber quién era, de dónde venía y qué necesitaba.

El eco de la publicación abrió un espacio de conversación sobre la adopción responsable de mascotas en Bogotá. La fundación aprovechó el interés para explicar que Carla es una perrita de raza viringo peruano, un tipo de perro sin pelo cuyos cuidados son diferentes a los de otras razas más comunes.

Así, el caso sirvió para informar sobre la importancia de investigar antes de llevar un animal a casa, especialmente cuando se trata de razas con necesidades específicas.

Mientras la publicación seguía circulando, el equipo de la fundación continuaba con el trabajo menos visible: exámenes médicos, controles veterinarios y valoración de comportamiento. Carla fue sometida a pruebas de laboratorio para conocer su estado de salud y determinar si podía avanzar hacia la fase de adopción.

Estos pasos, explican desde la organización, son iguales para todos los animales, sin importar si su historia se viraliza o no.

Al mismo tiempo, las redes se convirtieron en una plataforma para difundir la campaña “Velitas Pro Patitas”, destinada a financiar el cuidado de Carla y de otros animales del refugio.

La fundación recordó que los likes y los comentarios son valiosos, pero que la atención diaria a los animales exige recursos constantes. Cada caja de velas vendida, insistían, se traduce en alimento, medicamentos y procedimientos que la mayoría de personas no ve.

La participación de usuarios no se limitó a las donaciones. Muchas personas compartieron la historia de Carla en sus propios perfiles, amplificando el mensaje de adopción responsable y sumando nuevas audiencias en Bogotá, Soacha y otras ciudades del país.

Algunos escribieron para preguntar cómo apoyar otros procesos de rescate o para ofrecerse como voluntarios en jornadas de cuidado y atención.

En este contexto, Carla se convirtió en un símbolo de cómo las redes pueden utilizarse para algo más que entretenimiento. Su caso demuestra que una sola publicación bien contada puede motivar a personas a informarse sobre razas específicas, a reflexionar sobre la compra de animales y a apoyar económicamente a organizaciones que trabajan con población animal vulnerable.

La fundación insiste en que la viralidad es solo el punto de partida. El objetivo final es encontrar para Carla una familia que comprenda que su piel sin pelo requiere cuidados especiales y que esté dispuesta a asumir compromisos de por vida.

Hasta entonces, las redes seguirán siendo el puente entre el refugio y quienes, desde sus pantallas, se conmueven con la historia de esta perrita única.

La historia viral de Carla, la perrita sin pelo que hoy conquista las redes, demuestra el potencial de las plataformas digitales para impulsar la adopción responsable de mascotas en Bogotá y otras ciudades de Colombia. Al visibilizar el trabajo de fundaciones como Adopta con Responsabilidad, explicar los cuidados de los perros sin pelo y vincular la empatía con campañas de recaudo, el caso se posiciona como un referente de cómo las redes sociales pueden cambiar la vida de los animales rescatados. Para quienes buscan adoptar un perro en Bogotá o apoyar causas animalistas, seguir el proceso de Carla es una invitación clara a pasar del clic a la acción.

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